viernes, 13 de octubre de 2017

Subida al Angliru


Creo que aún no soy muy consciente de la barbaridad que he conseguido. 

El día anterior tenía intención de hacer otro puerto, pero a última hora cambie de idea ya que este lo tenía más cerca y podía ir en bici hasta allí. Me puse a leer un poco crónicas de gente y la verdad que daba respeto, pero ostias!! Qué es eso para uno de Bilbao!! jeje. 

Para colmo dejé que me guiara hasta el inicio el gps, y el muy cabrón me llevó por Pola de Lena donde me metió para calentar el Cordal un puerto de 1ª que también hacen en la vuelta justo antes de subir el Angliru. 

Así llegué a La Vega (Riosa) donde empecé la subida ya calentito, los primeros km fueron fáciles, las rampas del 10% era ya un paseo para mí a esas alturas. Así de feliciano llegué hasta el falso llano del área recreativa de Viapara, desde donde decían que  empezaban las rampas más fuertes, y así fue, aquello se puso otra vez al 10%-15% incluso a el 20% pero en tramos cortitos y todavía llevaderos. 


Fuente: www.altimetrias.com

Por fin llegue a los últimos 3 km, donde sabía que estaba la famosa Cueña les cabres con sus 700 m. en línea recta al 23,5%. Uffff! todavía de recordarlo me entra angustia, delante una pared vertical en la que ves que casi al final se pone aún más vertical y donde para colmo veo a dos tíos empujando sus bicis, menudo panorama… empiezo la tortura ya jodido, el corazón se dispara y la fuerza de las piernas se van diluyendo como el azúcar en el cafecito que me estoy tomando ahora ;) De vez en cuando miro para arriba y veo que avanzo poco ... muy poco, y esos dos jodidos allí arriba siguen empujando sus bicis desmoralizándome cada vez que levanto la vista, mi cabeza empieza a intentar salvarme la vida diciéndome tira la p*uta bici!, bájate!!, ¿por qué hay que subirlo sin bajarse?… por lo que decido consciente o inconscientemente desconectar el cerebro de las piernas y seguir tirando para arriba. 

A punto de caer ya desfallecido llego a la curva y pienso en parar a sentarme con los dos que habían estado empujando la bici, dos portugueses que sólo repetían “muy duro, muy duro”, pero por increíble que parezca, la relajación de piernas y corazón es tan grande cuando aquello se pone “sólo” al 15% que decido continuar. Ya estaba hecho lo peor y sigo sin problemas aunque aún me quedaba otro tramo al 20% ya lo subí sin problemas. Por fin llegué al punto más alto donde tras un falso llano bajando llegué hasta el final, un soso aparcamiento con una par de carteles y poco más. 

Allí me uní a la fiesta con varios grupos que habían subido antes que yo. Tras unas fotos y un rato de tertulia, me preguntaron por los desarrollos que llevaba y si los había cambiado para la ocasión, yo me río y les digo que ni idea, que era la 6ª vez que cogía la bici y que estaba tal cual. Ahora ya lo he mirado y viene con un 34x28. 



La gente empieza a irse y yo detrás de ellos. La bajada es bestial también, empiezo a adelantarles uno tras otros con increíble facilidad, les veo al pasar muy tensos frenando mucho, no dejando que la bici se les embale y acaben calentando tanto los frenos que se les cristalicen o les revienten las llantas. Yo con mis frenos de disco bajo a fuego, bien agarrado y frenando sólo con los índices. La superioridad y seguridad que dan estos frenos en este tipo de bajadas es aplastante. 

Bajo hasta la zona del área recreativa de Viapara donde está el albergue restaurante mirador al Angliru, momento de reponer fuerzas para la vuelta con un buen bocata y cocacola fresquita. Allí sentado mirando al Angliru cara a cara vislumbro por allí arriba el tramo de la Cueña les cabres. Si antes de subir me hubiese sentado allí y habría visto lo que ví, posiblemente me hubiese dado la vuelta he ido para casa.